martes, 12 de mayo de 2009

"ÍNTIMO PUZZLE ÍNTIMO"

A minha vida
era um palco iluminado,
eu vivia vestido de dourado,
palhaço das perdidas ilusoes.
Andei cantando a minha fantasia
entre os risos falsos da alegria
e os aplaussos febris dos coraçoes....."
Fragmento de "Chao de Estrlas"


Recuerdo una escena de una serie brasilera de los años setentas, una de las primeras en llegar aquí, Malu Mulher.
Contaba la historia de Malu, encarnada por la actriz Regina Duarte, una mujer recientemente separada y con una hija adolescente a su cargo, intentando recomponer su vida personal y profesional, a pesar de las embestidas de su ex marido.

Una noche, asistiendo a uno de los capítulos, una escena me llamó poderosamente la atención.
Me pareció una genialidad de lenguaje cinematográfico aplicado a un producto televisivo.
En ella se presentaba el living del apartamento de Malu, donde, en una mesa baja, la protagonista está armando un puzzle, el cual tiene ya casi terminado más de la mitad.
Llega el ex, comienza una discusión, y él arrastra el brazo sobre la mesa, dispersando todas las piezas del rompecabezas, ante la desesperación de la actriz, la cual se lanza sobre la misma a fin de evitar el total desarme de su arduo trabajo.
A lo largo de mi vida me ha sucedido que si algo me impresionaba, llamaba mi atención, o me interesaba, con el tiempo esa situación, persona, o asunto, tendría un lugar fundamental en mi destino.
Con el tiempo y la reiteración, aprendí a tomar en cuenta esa realidad, y es así que ciertamente no llamándome Malu, ni siendo mujer, varias veces he tenido que recomponer mi puzzle personal, deshecho por circunstancias, personas, o acasos.
Claro, en otros momentos, recomponerlo era más fácil.

Uno estaba menos golpeado, menos cansado, tenía más ganas de creer....
Y no importa que uno sepa que va a salir de lo que sea, que va a superar cualquier caída, no basta.
El cansancio se impone, reclama su espacio, y la lucha contra la depresión necesita el uso de vitaminas.
Y necesitamos el auxilio de un superhéroe.
Siempre la Vida es generosa y nos da lo necesario para capear el temporal.
Mis piezas volaron lejos, muy lejos como para poder encontrarlas a golpe de vista, pero las voy encontrando.

Se corren riesgos ciertos.
Riesgos de confusión, de desamor, de descreimiento.
Todos los errores, no por conocidos, me son ajenos.

Reconozco en mí el no derecho a la queja y a la paranoia, ya que siempre la Vida me ha mostrado casos y personas con más padeceres, y peores, que yo o los míos.
Y me he sentido avergonzado de mi lamento, y he sentido nuevamente nacer en mí la fuerza, el coraje, y la valentía que siempre tuve.
A propósito voy a referir una pequeña historia que, supongo, será del agrado de mi amiga Lilli:
"Érase una vez un monje budista muy entregado a la vida espiritual, la meditación, y el cumplimiento de todos los votos que su condición de monje le obligaba a guardar.
Sin embargo, nuestro hombre no era feliz.
Sentía dolor por el egoísmo de los pobladores de aquella región que, en vez de cumplir con el mandato de dar de comer al hambriento compartiendo parte de sus alimentos con él, daban a los mendigantes las sobras con las que ni a sus animales domésticos alimentaban.
Así nuestro hombre caminaba por el bosque sacando de su bolsa los mendrugos que le habían dado y, con un gesto de desprecio, tirándolos en el camino.
Cuando se le hubieron terminado, comenzó a buscar raíces y hojas de plantas e, invariablemente, deshechaba la mayor parte, entre murmullos de disgusto y algún que otro rezongo a la Vida.
En eso escuchó tras de sí un ruído de pisadas.
Creyó que sería un lugareño que lo había seguido para alcanzarle algunos manjares para su sustento, y esperanzado y con una amplia sonrisa, se volvió a mirar.
Quién caminaba por el mismo sendero era el sabio Luang Yiing, el más anciano y venerable monje, cuya santidad era reconocida hasta por el propio Emperador.
Luang Yiing, con total felicidad y alegría, recogía los mendrugos , raíces y hojas que nuestro monje había despreciado".
Vaya mi recuerdo para Juan R., de New York, y mis mejores deseos.
También para Graciela N., de Montevideo, quién dejó de lado su drama, para consolar mis tonterías.
Me encuentro en un tiempo de obligada inactividad, dedicado a recuperarme en la mayor plenitud, a desbloquear recuerdos desagradables, elaborar duelos, y resurgir como siempre lo he hecho.
Claro, tratándose de mí, ansioso e hiperactivo, me es muy difícil, y es así que de pronto me gana la angustia, y un cierto sesgo exquisofrénico que hace que rechace la visita, o hasta la charla, con los amigos.
Sólo estoy cómodo con Robert.
A el no tengo nada que explicarle, atravesó todo junto a mí, y más.
Es complicado encontrar las piezas faltates de mi puzzle, y más, tratar de ponerlas en la posición correcta y adecuada.
Se hacen una maraña los pensamientos, los sentimientos...
Sé que corro el riesgo de olvidar que hay otro mundo fuera de las paredes de mi casa, y fuera de este tiempo tan de encierro.
Sé que está presente la posibilidad del síndrome de Estocolmo, aunque no sea exactamente el caso.
La cabeza fría y objetiva es más necesaria hoy que nunca, para que la realidad subyacente pueda emerger, y emerge.
Sé que aún hay mucho llanto por derramar, no me asusta, siempre y cuando no se me tape la nariz, y sean dos los problemas a solucionar.
Hoy, luego de tres meses y medio, tengo de vuelta a mi perra conmigo, la traje de la guardería, y acá estamos los dos, y los tres.
Debo aprender a ver las cosas desde otro ángulo, y día a día noto qué variedad de colores no había percibido, y cuánto mi discurso opacó brillos menos extrovertidos que los míos, y cuánto cariño menosprecié, destraté y hasta negué.
Sí, la Vida es muy generosa conmigo, y lo es con todos los seres del planeta.
Da la posibilidad que entre nosotros, seres humanos, no nos damos: recomponer, volver a empezar, avanzar.
Necesité y necesito bajar mucho la cabeza, desinflar otro tanto el pecho, relajar los puños, amansar la mirada, y ofrecer más sonrisas.
¿Si estoy en el camino correcto?
No lo sé, y eso es lo maravilloso.
La posibilidad de hacer, errar, y aprender.
La necesidad de abatir nuestro ego, y dar cabida a un sesgo desconocido que otros nos aportarán.
De amar más allá de las convicciones, convenciones, y conveniencias varias.
En estos tiempos me he visto enfrentado a situaciones que ya he vivido tantas veces, y me he extrañado de mí mismo al no haber reaccionado como otrora acostumbré a hacerlo.
En un principio lo asumí como incapacidad de reacción; luego entendí que fue una reacción diferente, más comprensiva, amiga y compañera.
Y una ficha más encajó en el diseño.
Un amor que creí me había desplazado, otra vez se prendió a mi Vida...y otra ficha encontró su lugar.
Tuve un accidente en mi pie izquierdo que requirió dos operaciones, y la imposibilidad de apoyarlo durante dos meses, al menos.
Dependo de Robert para todo.
A espaldas de él me esforcé y, sin apoyar el pie, hoy puedo ir al baño cuando necesito, recibo al supermarket, me encargo de mi perra, recuperé algunas fichas más, y las dispuse en su orden.
Mis alas entumecidas, están comenzando a batir nuevamente y, aunque aún falta mucho por armar, comienzo a adivinar la Luz al final del túnel.
Obvio que no sé dónde lleva éste, ni dónde desemboca exactamente, pero no pienso en ello.
Antes de más nada, iré a la ciudad de Catamarca, en la República Argentina, a cumplir una promesa a la Virgen Morenita; luego...no lo sé.
Hay posibilidades en New York, en Miami, en Argentina, en España...no lo sé.
Me dejaré fluir.
Tal vez me quede en mi País, aunque aquí no haya nada que me ate ni signifique posibilidades de real difusión de mi mensaje.
Se ha conversado, y están como posibilidad frente a mí, el organizar grupos de Reflexión, dar charlas, dictar seminarios, incluso hasta montar un consultorio en el centro mismo de Manhattan.
Todo ello además de la publicación del libro, los post en la Prensa, las audiciones de Radio.
Son todas posiblidades, tal vez cumpla con todas, con alguna....o con ninguna.
Hoy no lo sé.
Hasta la próxima.
Jorginho
Corregido por R.Méndez
Publicado el 19 de mayo de 2009.

7 comentarios:

Julia dijo...

Hola!

Te descubrí a través del blog Rial y Canosa, del que soy miembro.

Viendo tu perfil descubrí que tenés entre tus preferidos El Quijote, mi libro de cabecera.

Me gustó mucho lo que leí de tu blog. Un enfoque muy interesante. Voy a seguir visitándote.

Saludos!

Julia
www.laventanaindiscretadejulia1.blogspot.com

Lore dijo...

Jorge soy fiel seguidora de tu blog, y me ha encantado este último post que has puesto... la vida de un valiente no se mide en las victorias, se mide en los fracasos y en las vueltas a levantar... y eso eres tu... un valiente!!! sigue armando tu puzzle, quizás cada vez que algún ingrato venga y nos lo tire por la borda nos lleve más tiempo volverlo a armar... pero el íntimo placer de poner las piezas de nuevo en su sitio... de recomenzar a armar las esquinitas de nuestra vida... de no saber a donde vamos, pero vamos... eso no nos lo quita nadie... aun cuando tengamos que hacerlo una y otra y otra y otra vez... de una admiradora ferviente de tus letras...

YOR dijo...

Jorge: Pues si que se percibe el panorama con piecitas de rompecabezas por toda la estancia... en la mesa, sobre la alfombra, bajo los muebles, y porque no, tal vez alguna haya perecido en las fauces del canino de la casa...
Te leo y releo tus posts anteriores.
Si, hay piezas sueltas por doquier, no hay lugar a dudas... antes no es que no las hubiera, siempre alguna se niega a calzar cuando parece que el esquema está completo, pero bueno, eso es la vida ¿no? piezas interminables para llenar un diseño que sigue se sigue modificando...
Ahora, hay mas partes sueltas, las veo, es verdad... y también hay algo diferente y magnifico en todo este espectáculo: Sos vos, tomando un té, mirando por el balcón concentrado en el sol que se va entre los aromas de la ciudad, en el cobijo de las ropas invernales, en el dulzor de la cotidianidad... un poco más contento, un poco menos ansioso, sabiendo que una vez que los rayos solares acaben con su diario espectáculo, ya habrá tiempo se seguir juntando piecitas... con paciencia, con cariño, si total tiempo es lo que sobra y siempre habrá piezas que juntar.
Un abrazo grande y me voy a ver como va mi rompecabezas...

Jorge de Bahía dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jorge de Bahía dijo...

Hola Julia:
Bienvenida, y gracias por tu opinión y por los merecimientos que encuentras en mis escritos.
Es maravillosa esta posibilidad de la tecnología, de tender puentes y redes entre personas que vibran ebn la misma sensibilidad.
Es muy linda tu visita, y lo es también tu promesa de seguir viniendo.
Un beso, Amiga nueva.

Querida Lore!
Me provocaste derramar lágerimas sanadoras.
Muchas veces me cuestioné si valía la pena seguir dando batalla, pero no sé hacer otra cosa, ni ser de otra manera.
Veremos a dónde me lleva todo este camino, pero una cosa es segura, todo es para crecer, aprender, y abrir caminos de sanacción a otros que vengan más atrás en la experiencia.
Un beso grandote.


Amigo Yor:
¿Decirte qué, cuando las palabras, entre nosotros, huelgan?
Un abrazo!

María Teresa dijo...

Excelente comparación y refexión. Cuando alguna parte de nuestra vida se rompe en mil pedazos y tratamos de reorganizarlos y pegarlos... no siempre calzan en el mismo lugar... medio que utiliza la misma vida para renovarse y renovarnos a juro... podrían llamarse episodios de crisis, movimientos de tierra o estructuras cómodas pero por lo estáticas oxidadas, que nos obligan a recomponernos y a renacer de las propias cenizas retomando objetivos que planificamos, quisa en el inconsciente y de los cuales nos hemos alejado. Me encanto tu refexión y la fortaleza con la que emerges. Gracias por tu compartir!

Jorge de Bahía dijo...

Hola querida Ma.Teresa:
Es cierto, la Vida es mucho más inteligente que nosotros y, tal vez, cuando nota que nos hemos estancado en medio de un camino que no es exactamente el nuestro, nos hace una zancadilla que más que lastimarnos, aunque lo parezca en un principio, nos ayuda a recomponer, reorganizar, analizar y revalorar.
Por otra parte, gracias por tantos mimos.
Beso grande
Jorge