domingo, 6 de septiembre de 2009

"Adán Titán"



".....Nunca mais
quero o teu beijo,
Mas meu ultimo desejo
você nao pôde negar:
se alguma pessoa amiga
pedir que você lhe diga
se você me quer, ou nao,
diga, que vopcê me adora,
que você lamenta e chora
a nossa separaçao.
E às pessoas que eu detesto,
diga sempre que eu nao presto
que o meu lar é o botiquim.
e que eu arruinei sua vida,
que nao mereço a comida
que você pagou p'ra mim".
Noel Rosa
(fragmento de "Ultimo desejo")

Miro y repaso mi ropa en el placard que compartimos.
Nada que me invite a tomarlo, nada que me tiente a conservarlo.
Cierro la puerta y me acerco a la ventana.
Afuera la tarde permite guiños a la próxima primavera que ya se avecina.
En mí, el más crudo de los inviernos.
- "¿Qué hacés?, ya llegué", dijo Adán, tirando su bolso de viaje sobre la cama.
Lo miro, se acerca, me abraza, y su perfume, el que usa porque sabe que me gusta como le sienta me envuelve, pero esta vez no me penetra...me sofoca.
- "¿Me extrañaste?".
No puedo responder, su boca se apodera de la mía, y su cuerpo me aprieta demasiado.
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Ya debería de haberme acostumbrado a la idea, y a los hechos.
Adán siempre hace lo que quiere, aunque parezca que lo consulta conmigo.
Hasta ahora ha tenido razón, ha estado en lo cierto.
No todos somos iguales, los riesgos que tomo son muy bien calculados, por eso mi vida empresarial fue de corto alcance, y la de Adán aún continúa.
Nos presentó un amigo en común, por una cuestión de negocios, algo referente al marketing y comercialización de parte de la producción de la empresa de Adán, que podría beneficiarnos a los tres.
La negociación no tuvo buen fin, pero este me buscó por otros asuntos de su particular interés...o al menos eso dijo.
Estábamos, Adán y yo, atravesando sendas crisis: familiar, una separación, él, personal, existencial, yo.
"Meu mundo caiu, e me fez ficar assim..." como canta Maysa.
Tal cual, de un minuto a otro, literalmente, mi mundo todo se había derrumbado.
No es fácil componer, recomponer, acomodar, reacomodar, inventar, reinventarse.
Sus varios telefonemas diarios, a cualquier hora del día, y extensos, extensísimos, me sacaban de mis pensamientos y mi rutina gris.
Los acepté de buen grado, y hasta me divertía el juego que proponían, ya que me sentía a salvo de cualquier otra situación para la que no tenía ninguna buena disposición, y además nos separaban doscientos cincuenta kilómetros de distancia.
Adán me paseaba por los vericuetos de su profesión, por los caminos de lidia con el personal, y se interesaba por mis cosas, por mi persona, por mis opiniones.
Un día, y sin saber cómo sucedió, el extraño era parte de mi vida, y según él, yo era parte de la suya.
Me encontró totalmente con las defensas bajas.
Tomó posiciones sin que yo siquiera lo notase, hasta que fue demasiado tarde como para reaccionar.
Me encontré esperando sus llamadas, como si fuera la mas terrible adicción a la mas temible y adictiva droga de diseño.
También él decía sentir como insoportable la soledad en que vivía.
Con el tiempo nuestras ideas parecieron tener, cada vez mas, convergencia.
La charla le dió paso al afecto, y me sorprendió cuando me reveló lo que estaba sucediendo en su interior en relación a mi.
Me invitó a vivir con él...y acepté.
Deberíamos esperar un tiempo para eso pues, mi situación aún no estaba resuelta.
Acordamos esperar, y la comunicación continuó, fluída y profunda.
Varias veces prometió visitas.
Nunca cumplió.
En alguna oportunidad por un impedimento mío, todas las demás por, según dijo, requerimientos de la fábrica.
Los argumentos parecían plausibles, así que no me importó, mas tomé debida nota; igual que sucedió con otras promesas en otros sentidos.
- "¡Es una locura, no lo conocés!", decían amigos, amigas, y familiares.
- "¿Vas a dejar tu casa, y vas a irte tan lejos?", cuestionaban unos y otros.
Sí, lo haría, por primera vez tomaría un riesgo no calculado, una locura totalmente improbable en otra época.
En esos días Adán sufrió una tremenda crisis financiera y el embargo de su empresa.
La traición de un antiguo socio, obró en tal desgraciado hecho.
Buscó mi apoyo emocional, y compartimos, a distancia, horas de reflexión y de distintos planes.
Comencé a despedirme de lo que consideré había sido una bonita y prometedora fantasía.
Sin embargo Adán, no siguiendo mis consejos, desoyendo otras opciones, decidió arriesgar en grande, y arriesgó.
Dos puntas tiene el camino, y dos riesgos tiene su decisión.
El primero es que la suerte, la buena, no le acompañe; el segundo, el más peligroso, que se exacerbase su titanismo.
La ternura e indefección que la inmensa seguridad en sí mismo escondía dentro del cuerpo de aquel hombre grande, llevaron a que lo admirase, y que luego sintiera que quería permanecer en su vida.
Y me mudé con él.
Cambié la ciudad por un pueblo del interior; mi departamento en un barrio caro, por una casa al lado de la fábrica, pero no me importó, la pasábamos bien.
Fui testigo del egoísmo, la dependencia, la debilidad, y de la mentira del titán.
Varias veces lo conversamos, y hasta pensé que habíamos llegado a acordar en la necesidad de vencerlo.
Sin embargo, algo me molestaba, algo no me dejaba creer en todo lo que Adán decía.
Cada pequeña falla en nuestra relación, tenía sobrada y comprobable coartada.
Llegué a creer que me estaba ganando la paranoia.
No tuve presente a Berthold Brecht, lo digo por aquello de: "...ya es tarde, hoy vienen por mí".
En este tiempo compartido, la vida fue casi una interminable fiesta para los dos.
Dividíamos el llevar la casa, la cocina, los gatos, y el té.
Debatíamos por horas cuestiones de su Empresa, cuestiones de la Vida, cualquier minuto nos encontraba afines al encuentro íntimo, sin vergüenzas, sin reparos, sin límites.
Hubo cambios en mi vida, sí, y también en la de Adán, quien aparentemente, viró ciento ochenta grados para permanecer a mi lado, y que yo permaneciera al suyo.
Claro que existían diferencias entre los dos.
Varias veces cada uno de nosotros se encerró en sí mismo, echó cerrojo, y apagó la luz.
Nada que una disculpa, aunque pedida entre dientes, ni que un tradicional five o'clock con scons, manteca y mermelada de naranjas amargas, no lograran hacer ovidar.
Hace unas semanas que veníamos viendo la necesidad de establecer algunos cambios en las funciones de algún integrante del personal.
Habitualmente Adán viaja acompañado por un secretario de planta, a colocar mercadería y visitar clientes.
No es necesaria su presencia en dichos viajes, e igual los hace.
Esta vez hubiese sido bueno que él pensara un poco en mí, en como me sentiría, y que dejase de lado su total y absoluto gusto y ganas.
- "Cherchez la femme!", dicen los franceses.
Sé quién soy, qué ofrezco, y qué doy, por eso los tradicionales celos no encuentran caldo de cultivo en mí.
Es el caso que una nueva operaria de la planta comenzó un juego obvio hacia Adán.
Un juego del que Adán y yo reíamos al comentarlo, pero que a todas luces, para mí, podría tener consecuencias negativas para el negocio y la relación entre los compañeros de trabajo.
Conversamos sobre estas cuestiones, hice saber mi opinión y mi disgusto con la situación, y no tocamos más el tema.
La chica, a todas luces demasiado osada, continuó haciendo la suya, sin que nadie se lo impidiese.
La semana pasada Adán decidió el cambio de acompañante en el próximo viaje.
Él no gusta de dirigir en carretera y necesita, como acompañante, alguien que sí lo haga, y con idoneidad.
Era cantado que la elección caería en la operaria de marras.
Me pareció algo totalmente arriesgado, insostenible, no por lo que pudiera pasar entre ellos, sino por las consecuencias posibles que conllevaría viajar con una menor, de un comportamiento tan arrivista, tan osada, las murmuraciones de la gente del lugar, y las responsabilidades que un acto tan irresponsable podría generar en nuestra vida.
No era la única alternativa.
Adán prometió pensarlo y ver qué otra solución tomaría.
Confié en él.
Hoy a la mañana, en el desayuno, muy sonriente me informó:
- "Salimos dentro de un rato.No tengas cuidado, tengo todo controlado, se hará como yo lo tenía planeado".
Quedé sin palabras.
No se hizo cargo ni le importó lo que yo pensara o sintiera.
Nada era más importante que él y su titanismo.
Él lo podía todo, controlaba todo, hacía y deshacía...o al menos eso él creía.
Ya no era algo divertido, me dolía.
Vio mi cara de estupor, y escuchó mi silencio.
No le importó.
Ya conozco la rutina: luego vendrían las disculpas, las miradas compungidas, los "tenías razón", ¡y qué me importa a mí tener razón!.
¿De que me sirve tener razón una vez más?.
Mil veces hubiese preferido que hiciera lugar a lo que siento, a cómo me siento, y a hacerme sentir mejor.
¿De qué sirve el amor sin consideración?.
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Esa presión de su cuerpo, hasta ayer mismo, me hacía bien, me sentía fundir con él, lo sentía protector, contenedor, confiable...
Intentando encontrar en mí, la respuesta de siempre, su lengua, ávida, recorre cada milímetro de mi boca, y no la halla.
Manteniendo el fuerte abrazo, aparta su cara de la mía, me mira a los ojos, y pregunta:
- "¿Pasa algo?".
Sostengo su mirada y respondo:
- "Terminó",mi voz suena triste y firme a la vez, "Me voy".
Adán se separa y se deja caer en el borde de la cama.
Se le nota como vencido, pero ya no me importa.
Tomo un abrigo cualquiera, la llave de mi auto, dejo el llavero con las de la casa, y entro al baño a quitar mis cosas.
Miro la mesada con detenimiento.
Testigo de tantos encuentros amorosos, risas y maloshumores.
Estiro la mano hacia el enorme botiquín... y refreno el impulso para abrirlo.
No, no quiero llevarme nada.
Ni el cepillo de dientes, ni siquiera la máquina de afeitar.



Publicado el martes 15 de Setiembre de 2009
Corregido por R.Méndez

9 comentarios:

Lore dijo...

Hoy ando y he andado de capa caida, mis comentarios seran leves... solo me he enredado en ese espiral exquisito de tus letras y he caido en cuenta, cuantos Adanes Titanes... he dejado entrar en mi vida... besos mi Jorgito

Jorge de Bahía dijo...

Sí, supuse que algo te estaría pasando...y no del todo bueno.
Hola Lore:
¿Sabes? yo también estoy como que de capa caída, y no precisamente a causa de un Adán Titán.
A veces me canso de ser como el Aguador del ícono de mi signo, me canso de dar, dar, dar, de preocuparme por los demás, por hacerles sentir que somos como iguales, que sí lo somos en lo básico, pero muy diferentes en los sentimientos, manifestación, dedicación, generosidad, capacidad de entrega etc.
A veces, Mi Vida, yo qye a tanta gente enseñé a buscar y ver la luz que siempre existe al final del túnl, pierdo las fuerzas para seguir viendo la que está al final del mío.
Te entiendo, Lore, te entiendo, comprendo, y empatizo con su tu sentir.¡Caramba! parezco una viuda lorquiana, de aquellas vestidas como un cono negro, y lañendo sieempre, sea cual sea la ocasión.
Ojalá recojas tu capa y vuelvas a mostrar tus hermosas y bien torneadas piernas, muchacha tropical!.
Beso con cariño inmenso
Jorge

María Teresa dijo...

JOrge, me encantan tus historias tan reales, intimas,cohrentes, elegantes y a la vez los comentarios de ustedes dos, lo que pueden decirse y decirnos, que compartirnos tambièn. Les dejo un beso.

Jorge de Bahía dijo...

Hola Mate!.
Gracias, ché, y me pones en un compromiso, seguir por la misma senda...¿te acuerdas de aquello de: "por la que han ido los muchos sabios que en el mundo han sido"?. lo de la senda, claro.
Justamente ayer estaba pensando que me siento como en un páramo de ideas...no sé qué tema abordaar, o que yo sienta que vale la pena abordar, dada la actualidad tan estremecedora que nos rodea.
Ni quieras saber en lo que se ha transformado la política, y los seguidores de los políticos, y los políticos mismos, aquí en mi País.
Me da vergüenza, o como dice el tango: "la vergüenza de haber sido, y el dolor de ya no ser...", esa es la triste verdad.
Nada sucede porque sí, lo dejamos suceder.
Cuando trabajé en política, instaba a los dirigentes a atacar con las mismas armas con que nos atacaban pero, queriendo dar una prueba de educación, de altura, de grandeza republicana a gente que no entiende de esas cosas, y sí de vino y chorizo al pan, me decían que no, que yo estaba equivocado, que los dejara hacer aellos que sí, que la tenían clarísima.
Así estamos hoy.
Te mando un beso
Jorge

sagitaire17 dijo...

Amigo Jorge,no se muy bien que decirte...Solo que hay que momentos en la vida en la cual hay que tomar decisiones,mismo si duelen.
Un abrazo.

pattiaustin dijo...

Querido, Jorge me has atravesado con éste realto, ese trozo de Vida. Bello, pero duro, pero que es así, en tanto en cuanto así es el amar.
Tengo que volver a leerlo una y otra vez, pero deberé esperar a que pase un tiempo, es "demasiado duro y real".
Enhorabuena debería decir por la ejecución del realto, pero sé que no habrá sino nada fácil plasmar esa experiencia en palabras y oraciones.
Besos, de éste "viejo amigo" desde Madrid, en la distancia acortada recientemente.

pattiaustin dijo...

Querido, Jorge me has atravesado con éste relato, ese trozo de Vida. Bello, pero duro, pero que es así, en tanto en cuanto así es el amar.
Tengo que volver a leerlo una y otra vez, pero deberé esperar a que pase un tiempo, es "demasiado duro y real".
Enhorabuena debería decir por la ejecución del relato pero sé que no habrá sino nada fácil plasmar esa experiencia en palabras que son vida.
Besos, de éste "viejo amigo" desde Madrid, en la distancia acortada recientemente.

Jorge R. Etchepare Mac Eachen dijo...

Hola Sagitaire:

¡Tantas veces la Vida nos deja sin palabras ...!.
Abrazo
Jorge

Jorge R. Etchepare Mac Eachen dijo...

Amigo ... no, me es imposible tu nick; así qye te llamaré Wa.

Querido Wa:¿Es así el amar?, ¿o así lo hicimos?.
Beso a ti y a Paco.
Jorge