sábado, 20 de septiembre de 2008

Viaje de una larga Noche hacia el Mediodía.- Capítulo II



2a.Parte
"Cimas Borrascosas"
Corre el coche por la Avenida Rivera en dirección al este.
Mi vista se ha deteriorado mucho pero igual disfruto los colores de los árboles y del sol de este final de otoño montevideano.
Estoy tan cansado...en verdad estoy agotado.
Los nervios, las dosis masivas de diuréticos, el traqueteo diario de controles y gente todos los días...estoy realmente con ganas de llegar a mi casa, a mis cosas, abandonar todo en Nancy, acostarme en mi cama y dormir.........
Mañana llegará mi perra, y ese pensamiento me hace un nudo en la garganta.
El coche dobla en Buxareo, en dirección a la Rambla; estoy tan cerca.......
He perdido casi todo el pelo, y no sólo el de la cabeza.
¿Volverá?.
Menos mal que no me veo, si no ¡qué bajón!
Veo mi edificio y me quiebro emocionalmente.
Desde niño las emociones me quebraron; lloraba con las películas donde habían separaciones y amores frustrados, y no sabía aún qué eran los amores!
Recuerdo que algunos de mis primos se reían de eso, y mi tío Jorge, el aviador, diez años mayor que yo, y al que todos en la familia admiraban y respetaban, me apoyó delante de mis primos diciendo que él también lloraba con las películas.
Me sentí abrazado, y los chicos nunca más se metieron con eso.
Con mi tío Jorge nos quisimos muchísimo, y creo que aún hoy, que estamos en dimensiones diferentes, nos seguimos queriendo.
Una relación de dos acuarianos que fue conflictiva, que fue hermosa, que prometía, y que no supimos dejar acontecer.
Les decía que desde niño las emociones me pudieron, pero ahora, desde la internación, lloro por todo.
El auto para frente al Edificio, y Nancy me ayuda a bajar.
No tengo fuerzas, he perdido toda la masa muscular, tengo que caminar apoyado en alguien, o me voy al piso.
Luis, el Portero de la mañana, me recibe, y mientras Nancy se ocupa de los bultos, me ayuda a llegar al hall de entrada.
Me entero que la Sra.X, so pretexto de ayudarme en mi recuperación, a pesar de tener su casa a sólo cuatro cuadras de la mía, se ha afincado aquí.
La nuca se me puso tensa.
El ascensor, tan rápido siempre, hoy demora una eternidad en llegar al décimo piso.
Al abrir la puerta tomo conciencia, por primera vez, de que en algún rincón de mi pensamiento, tuve la idea de que quizás no volvería.
Aquí y ahora, yo lo sabía, comienza mi descenso a través de los nueve círculos.
De a poco voy siendo despojado, entre malos tratos, reproches, quejas, lamentaciones, de todo lo que es mi vida, mis afectos, mis realidades.
Primero es la libertad, ya no puedo respirar libremente, estoy sofocado, todo el día controlado, malamente controlado, y siendo desconocidas mis decisiones, mis gustos, mis necesidades.
¿Por qué hacer algo por mí, algo que yo no pido, para luego cobrarlo tan caro, con tanto chantaje emocional?.
No tengo fuerzas para reaccionar, tengo los pensamientos enredados en confusiones, los miedos que ahora exigen su lugar en mi espíritu, afloran.
Le siguió Blú; ya no puede estar a mi lado, ya no puede dormir en mi dormitorio, si lo hace vienen los reproches, las quejas, los rezongos por lo bajo, la pésima energía.
Así fue hasta que supe que, durante la noche, en vez de dormir en su nuevo colchón, mandado hacer especialmente, con distintos forros y comodísimo, no el que usaba conmigo, dormía en el piso al lado de la puerta cerrada de mi dormitorio.
Reaccioné, ya era demasiado, volverá a dormir conmigo y ¡basta!.
Le siguió el baño, el de mi dormitorio.
Habiendo dos baños en mi casa, no, había que usar el mío que es en suite.
Ocho veces por noche, todas las noches, abrir y cerrar la puerta del dormitorio, abrir y cerrar la puerta de mi baño, los ruidos de cisterna, lavamanos, abrir y cerrar la puerta de mi baño, abrir y cerrar la puerta de mi dormitorio, todo adherezado con quejas, toses, y más quejas.
Ahorrémonos el resto, pero se alejaron mis amigos, nadie venía a verme, ni podíamos hablar por teléfono, pues siempre aparecía una excusa para estar a mi lado mientras durase la comunicación.
Caí en un pozo de angustia desmedida, y en uno de los habituales controles médicos, una enfermera me dijo: "Usted está con una gran angustia, dígale al Dr.que le dé pase a siquiatra, así no puede seguir".
¡Qué paradoja! Yo, abanderado de la escuela antipsiquiatríca, en manos de uno de ellos, pero ya me acostumbré a ellas.
Así llegué al Valley of the Dolls, aquel de Jacqueline Susann.
Escapé en brazos de Baudelaire de la realidad que me atormentaba y desestabilizaba; sin embargo el Tigre comenzó a menear la cola, signo inequívoco de que está aprontándose para atacar.
Y atacó.
Tigre de metal blanco, nacido más allá de la medianoche....el más peligroso, el más frío, el más despiadado en el ataque.
En el tiempo que medió entre el meneo de la punta de su cola, y el ataque, perdió amigos muy queridos, el timón de su casa y de su economía, la buena visión en sus dos ojos, en uno más que en el otro, y algunas otras cosas, pero no fundamentales, aunque fuesen pedazos de vida.
Los análisis bimensuales, sin embargo, no reflejaban esa realidad, y sí una evidente y marcada recuperación del estado de buena salud.
Otra vez soy el cochero.
Como siempre debió de haber sido.
Solos mi perra y yo.
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Hace quince días que estoy otra vez tranquilo.
El día 15 de este mes es mi cumpleaños, lo festejaré.
Veintidós personas estuvieron conmigo esa noche.
No me cabían dudas.
Había vuelto.
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El título original de estas reflexiones era sobre las relaciones Amor-Odio, pero al ir pensando y elaborando las mismas, caí en cuenta de que también son manifestaciones de la dignidad y del respeto, así que......
Desde mi experiencia, lo que no nace, no se hace, y por no hacerlo, por no sentirlo, no hay que asumirse culpable, que es peor el mal que provocamos al destinatario de nuestra obligación, que el dejarlo en el olvido.
Las relaciones Amor-Odio se ven, y están, en todos los ambientes y órdenes de la vida y de las relaciones.
Esposos, padres e hijos, hermanos, familia, trabajo, amigos.
En todas partes, y debemos aprender a convivir con ellas, que no nos lastimen ni fagociten, y a vencerlas, sin culpas, sin miedos, sin vergüenza.
¿Nos duele y descoloca no tener buenos sentimientos hacia el otro?, ciertamente no más de lo que al otro le duele que tú no los sientas, pero bueno, maduremos, aceptemos, respetemos la naturaleza de cada quien, y saquemos el mejor jugo que podamos, de esa naranja acorchada que es nuestra relación; y si se hace necesaria la separación drástica, no le temamos, respetemos la realidad que se impone, y actuemos, por lo menos, con dignidad.
El camino es la sanación, la mía y la tuya, la de los dos.
Estamos enfermos, y hemos enfermado al mundo entero.
El Cosmos se estremece en estertores de muerte que hemos lanzado hacia él.
Curemos, curémonos y curaremos a la Humanidad, pero empecemos ya, contigo, conmigo, cada quien por sí, y la unión de todos, no en masa, sino en acción individual, salvará el futuro y a nosotros mismos.
¿Cuál es el valor de abrir un blog, y en nuestro perfil decir que nos interesan los amigos, la comunicación, el crecimiento personal, la solidaridad, y luego no dejamos una dirección para que nos puedan contactar quienes así lo deseen?
¿Hasta dónde vamos a llevar ese doble juego de "digo, pero no lo pienso, ni voy a hacerlo"?
Sé que no estoy clamando en el desierto, hay oídos prestos a escuchar, y almas sedientas que necesitan encontrarse.
Y sé que se encontrarán, porque así debe ser.
No importa cuan lejos estén, se unirán.
Lo sé.
También sé que lo único que nos redimirá será el amor, amor hasta para decirte que no te soporto.
Amor que me queda grande; Amor que te queda grande; Amor que le queda grande.
Amor al que todos los días le encuentro un significado nuevo.
Amor que cada día me tiende una línea nueva, y me enseña un nuevo camino con nuevos paisajes, nuevos jardines, nuevos estanques.

Jorginho