sábado, 13 de junio de 2009

"La DISCRIMINACIÓN de NOS - OTROS"


l principio sólo creí estar mirando un programa televisivo más.
De pronto el conductor anuncia que se tocará el tema de la discriminación, ya que el próximo entrevistado la ha sufrido, y expondrá su caso.
Enfocan a un personaje desaliñado, mal acomodado en su asiento, con cara de niño al que le quitaron un dulce.
La imagen misma de la depresión y el relego.
Fabián G., un espléndido ejemplar masculino de veintitrés años, un metro ochenta y dos de altura, pelo y ojos negros igual a como diría García Lorca "como una tarde con amapolas", me cometaba que lo habían rechazado en un empleo, por no tener ojos celestes, ya que la empresa en cuestión deseaba que todos sus empleados así los tuvieran.
Ricardito es muy gracioso y simpático.
Cuando habla gesticula, mueve los ojos, abanica las manos, todo un show, pero hoy está deprimido pues no pudo entrar como cadete del hotel.
Yosselyne, un travestido, se siente observado cuando camina por las calles de la ciudad en medio de la tarde.
A Mariel, Contadora Pública, le pagan por su trabajo, el cual desempeña con idoneidad envidiable, las dos terceras partes del salario de sus colegas masculinos, aunque el desempeño de éstos deja muchísimo que desear.
Benjamín mira con recelo a su alrededor cuando se le pregunta su apellido.
Tantos y tantos casos tengo para contar...
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En estos tiempos, los medios de comunicación están invadidos de denuncias de discriminaciones varias.
Me pregunto si será oro todo lo que brilla.
Sería muy poco informado si sostuviese que la discriminación no existe, y nada inteligente también.
Como tengo por costumbre mirar primero dentro de mí antes de hablar, me he detenido a pensar qué es lo que he experimentado, y pensado, en lo personal.
En realidad nunca me he sentido discriminado, y creo que la razón es porque no hay lugar en mí para la víctima.
Cuando no he logrado lo que me había propuesto, si esto dependía de la decisión de otra persona, el motivo apareció nítido en cuanto lo analicé.
Para claudicar ante el lugar común, no soy moneda de oro para que todo el mundo me valore y quiera.
Es normal, es así.
Hasta yo mismo al tomar decisiones en cuanto a otros, actúo de la misma manera: tengo e impongo mis gustos y razones.
Entonces: ¿Yo no discrimino, y los demás sí?...¡Vamos!.
Siempre tuve en claro que mi imagen responde a mí, en su totalidad y a mi totalidad.
Y así la cultivé y cuidé.
Sabía que no todo el mundo me aceptaría, pero eso hace parte de la Vida.
No debía sentirme mal por ello, ya que yo tampoco recibo a todo el mundo.
¡¿De qué estamos hablando?!
Pero claro, siempre asumí mis responsabilidades, y tal no es el uso corriente en todos nosotros.
Mirando aquel programa de televisión, el asunto era que a unos cuantos personajes se les había rechazado como choferes de camión, aduciendo ellos que tal cosa era debido a su gordura.
Sí, podría ser.
Observé con detenimiento al entrevistado:
No me cupo ninguna duda de que adolecía de una total falta de autocrítica y autoestima.
Cuando alguna persona que sabe no responde al común general, si desea transitar por los caminos que otros han marcado, debe, entre otras cosas, extremar los cuidados que brinda a su aspecto personal.
En este caso, el corte de cabello no le favorecía dada la redondez de su rostro; la ropa le cinchaba desaliñada; no estaba sentado, sino aplastado sobre un sofacito.
Si él mismo se rechaza, ¿cómo puede pretender que otros lo acepten?.
Se podrán argüir mil razones para la tal facha, pero la realidad es sólo una: con una buena y adecuada postura hubiese alcanzado.
Una postura que denotase energía, empeño, cuidado y atención a los detalles.
Me puse por un momento en la piel de aquel empleador que, en su momento, le rechazó.
Yo también lo hubiese hecho.
Tener frente a mí a una persona que me transmite desgano y falta de vitalidad y energía, no es precisamente el motivo que me incita a sumarle a mi Empresa.
Digo yo, ¿esta persona es tan ciega que no nota que su actitud no es la adecuada para logar nada de real valía para su propia vida y bienestar?
Algo de esto ya yo lo había planteado en "Las máascaras: Las más caras, las mas caras, las mas caras". Publicado en
Es el mismo caso de Ricardito.
Un caramelo de gente, pero con una actitud nada adecuada para granjearse el favor de los demás.
A todos hay cosas que nos molestan, que nos violentan, que nos ofenden.
No por una cuestión de discriminación, como podría pensarse, sino por una cuestión de sensibilidad, de educación, de naturales prudencia, recato y consideración a los demás.
¿Que realmente estamos diciendo cuando decimos que alguien nos discriminó?.
A la luz de los acontecimientos, entiendo que esos seres dicen: "Intenté imponer mi voluntad, y no tuve suerte, estoy lleno de rabia".
Es cierto que sí, existen casos reales de tales hechos. Pero tienen más que ver con lo cotidiano, con lo orgánicamente funcional, que con la segregación.
Son los casos de las mujeres en relación a los hombres, enfrentados los dos a una misma tarea.
No se puede negar que el sexo femenino, si bien reconocemos que está mejor preparado, y lleva más a serio las responsabilidades que nuestro sexo, conlleva ciertas causas que pueden, o podrían, afectar su desempeño.
¿Que todo es herencia de una mentalidad patriarcal y desvalorizante en relación a las mujeres?, sí, lo es, pero aquellas mismas mujeres que tratan de derrivarla, también se aprovechan de sus ventajas.
Seamos más coherentes, y afrontemos las posibles desventajas que tal coherencia conlleve.
Cierta vez, aún no habiéndome sentido lesionado, presenté una protesta de haber sido discriminado, ante los medios de comunicación, los organismos pertinentes, y ante las propias Empresas e Instituciones involucradas.
Les presento el caso: estaba yo en el Shopping Center más elegante y exclusivo de Montevideo, del cual soy cliente habitual.
Entré en el local de una Librería y Papelería tradicional de esta plaza, y no deposité en los lockers la mochila que cargaba a mi espalda.
Junto a mí, al mismo tiempo, ingresó una señora con cuatro chicos inquietos y un bolso, de gran tamaño y sin cierre, colgando al hombro.
El guardia de seguridad salió corriendo detrás mío, exigiendo que depositara la mochila en la seguridad.
Cuestioné por qué la diferencia con el bolso de la señora en cuestión, y por toda respuesta adujo que las señoras llevan en tales carteras efectos personales.
Me pregunté qué tipo de efecto personal pueden llevar, que necesiten utilizar tan de urgencia, que no pueda ser dejado en los casilleros.
Que yo sepa, efectos personales sólo el labial, el compacto, un pañuelito, la billetera y documentos...nada especial, nada muy diferente al contenido de mi mochila, sólo que en lugar del maquillaje yo llevaba una laptop.
Pedí hablar con el Gerente de la Sucursal en cuestión, y presenté la queja.
La respuesta fue la misma.
Al salir fui de visita al Museo de Artes Visuales.
Esta vez corrió tras de mí una señora encargada del guardabultos y, cuando le llamé la atención sobre la profusión de carteras, mochilas y bolsos que sostenía toda la visita femenina al lugar, me dijo: "son las órdenes, disculpe".
Allí me fastidié en serio.
Por ser hombre se me asimilaba al ladrón, o al individuo capaz de malograr una obra de arte.
Me pareció una oportunidad sin igual para desenmascarar la estupidez de los cuadros gerenciales y directivos de las empresas, instituciones u organismos de mi País.
Lo hice, y algún resultado obtuve, y fue bueno, salvo en el Museo...ah con la tan mentada culturización snob!
Salvo casos muy específicos, donde se nos endilgan cualidades que no son nuestras, creo que somos nosotros mismos quienes, debido a una baja autoestima y una no adecuada asumisión de lo que somos o queremos ser o representar, quienes nos discriminamos, autodiscriminamos, y luego a través de la famosa "transferencia", acusamos a los demás por el sólo hecho de ejercer sus derechos naturales, o reconocidos por ley.
Si estamos convencidos de qué y de quienes somos, no habrá lugar para sentirnos dejados de lado en ninguna circunstancia.
Si en cambio tenemos una actitud dubitativa en relación a nuestro lugar e importancia en el mundo, allí sí, todo es posible; y no precisamente lo más positivo.
Es decir que la discriminación parte de dentro de nosotros mismos.
Los demás rechazan, juzgan, pero no siempre discriminan.
Hay que ser muy cuidadoso y exacto en la definición de los actos que se cometen a nuestro alrededor, nos alcancen o no, a fin de que los conceptos, de tan repetidos y abusados, dejen de tener peso y presencia.
Ser rechazado no es equivalente a ser discriminado.
Jorginho

Publicado el Lunes 22 de JJunio de 2009-
Corregido por R.Méndez

1 comentario:

Bló! dijo...

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