jueves, 6 de noviembre de 2008

"La Sociedad de los Peter Pan Muertos".-


Durante el tiempo en que funcionó mi consulta, la mayoría de mis clientes, fuesen hombres o mujeres, planteaban como angustia principal, el desajuste de la relación de la pareja.
Los hombres lo hacían desde la perspectiva del sentirse muy exigidos, desatendidas sus necesidades, la poca valoración que, según me decían, su pareja prestaba a sus esfuerzos.
Las mujeres, en cambio, lo observaban desde el ángulo de la irresponsabilidad del hombre frente a los problemas cotidianos, la excesiva carga que representaba para ellas el tomar todo el peso de las decisiones, aún las más nímias, sobre sus hombros, tener que decidir hasta qué ropas deben usar sus parejas, ya que ellos sólo saben ocuparse del trabajo y del maldito fútbol......
Por suerte, o por causalidad, yo había llegado a tener consulta, después de haber ya quemado muchísimos barcos, de haber vivido, experimentado, analizado, y asimilado, tantísimas instancias de vida.
Como un día Aquel me dijo:"El árbol está tan torcido, que hay que dejarlo morir, y que nazca uno nuevo".
Y desde allí , escribiré.
En la más remota antigüedad, la supremacía del género masculino estaba avalada por una cuestión de fuerza física, y firmeza de carácter.
Andando los siglos, la dominación masculina se basó en la capacidad de organizar Estados, y la astucia y valentía para defender los territorios.
Pero, si hacemos una lectura más profunda de la historia, notamos que nada se nos dice del comportamiento de aquellos hombres en el seno familiar.
Tampoco debemos olvidar, ni hacer caso omiso de que, los grandes guerreros, conquistadores, estadistas, fueron criados, educados, por sus madres, si bien nadie niega el peso obvio, del ejemplo paterno.
Más hacia aquí en la historia, en una civilización más adelantada, en Estados ya organizados y en marcha, el papel y lustre masculino, sobrevivió por simple inercia, y por las atávicas y férreas costumbres que anclavan al sexo femenino en jaulas , que no siempre eran de oro.
Tengo la suerte de pertenecer a la última generación de uruguayos, no sé por qué dejamos de llamarnos orientales, como nos nombra nuestro Himno Patrio, y nuestra Historia, libre pensadores.
Tengo la suerte de tener una mente inquisidora e inquieta, que no se conforma con lo que le cuentan los ganadores de turno.
Tuve la suerte de tener Profesores de vocación, que no de militancia, como lo fue la Profesora María Luisa Cooligan Sanguinetti, profesora de Historia, autora de libros en la materia, la cual nos instaba a pensar la historia y sus protagonistas.
A buscar los paralelismos entre la vida pública y la privada, de nuestros prohombres.
Y desde esa plataforma es que miro las realidades de hoy, buscando correspondencias, concurrencias, y explicaciones que, a veces de tan simples, pasan inadvertidas para quienes esconden ciertos propósitos personales o filosóficos, tras un discurso conformista, lleno de reproches, y evasor de cuestionamientos profundos, que lleguen, realmente, a despertar la crítica de la masa.
Que la masa, como tal, tenga un comportamiento reflexivo, es decir o esperar, sea verdad una falacia.
Pero creo que explicito, al volcarlo así, lo que quiero decir.
Las responsabilidades de toda situación, que no la culpa, algo creado por filosofías interesadas en dominar a los dominantes, a través del miedo, siempre es compartida.
En este caso, por hombres y mujeres.
Los hombres por haberse dormido en antiguos laureles heredados a partir de los primeros siglos de la humanidad.
Las mujeres, por ser más machistas que los hombres, y no generar hombres para la sociedad actual, sino un montón de Peter Pan, refugiados en la negativa a madurar, a asumir responsabilidades, y llevar su vida adelante.
Y esto es así, aún, en los personajes más notorios y triunfadores.
El dicho popular dicta que la esposa del Coronel, tiene grado de General.
Y es cierto.
Son las madres, con su sobreprotección y castración, quienes forjan seres vulnerables al dominio femeninoY las quejas más comunes que siempre escuché, tenían que ver con que los esposos, más que esposos, eran un hijo más.
Pero esas mismas mujeres, a sus hijos de más de veinte años de edad, continuaban llamándoles "nene", quitándoles toda ocasión de crecimiento, escudándose tras la frase "¿què querés que haga, si todavía es un chiquilín?", y resulta que la criaturita tiene veintiocho años de edad, y dos hijos con dos mujeres diferentes, no trabaja, duerme hasta la media tarde, le dan todo en bandeja, y de noche, pobrecito, sale a pasear un poco con sus amigos, los chicos del barrio.
Nunca tuve muy en claro, si esas señoras me estaban tomando el pelo.
Es todo una maraña muy grande y complicada.
Tanto que creo que una nueva identidad humana, para surgir, necesita una drástica y demoledora conmoción final, para que hasta los cimientos rahídos, de esta sociedad, sean superados y vueltos a hacer.
Lamentablemente, el espacio del blog, no alcanza, ni el tiempo de los lectores, para desarrollar en profundidad la ponencia.
Deseo, entonces, que aquellas mujeres, sean de la edad que sean, se permitan la posibilidad de un trato diferente con los hombres, no de confrontación y competencia, sino de buscar la complicidad para, entre los dos, revertir lo que se pueda, mientras se pueda.
Y a los hombres, incitarlos a buscar alguna otra cosa que actividades tan primarias como las que ahora acaparan su atención, que busquen dentro de sí la valentía, el coraje, la garra de los ancestros históricos, que dejen de lado, o lo intenten, los miedos invalidantes, la comodidad del regazo de mamá, y asuman la realidad de nuestra especie en degeneración , y la posibilidad aún latente, de mancomunados con el sexo opuesto, de mejorarla, y salvarla.
Las mujeres, estando tanto tiempo recluídas y postergadas, sin un fin conciente, se prepararon, desarrollaron, para estos nuevos tiempos, y es así que hoy día, la mayoría de los puestos profesionales, de responsabilidad, y de decisión, o están ocupados por el sexo femenino, o están siendo disputados por ellas, en franca mayoría y con mejores aptitudes, que los hombres.
Estos, ayudados por las distintas mujeres en sus vidas, continuaron pretendiendo recibir, y de hecho recibiendo, el mismo trato, agasajos, y disculpas, que esperaban recibir los hombres de los primeros siglos, al volver a casa, sin tener, los de hoy en día, tantas glorias, esfuerzos, ni afanes.
El mundo cambió, y el sexo masculino se estancó.
Quedó preso de paradigmas fenecidos, y aquí, las mujeres que hoy los critican, subvaloran, y desprecian, los han mantenido sin permitirles desarrollar responsabilidad.
Las mismas mujeres que se quejan de no recibir apoyo emocional de sus parejas, enseñan a sus hijos a que sean totalmente ignorantes de las necesidades de las mujeres que, seguramente, aparecerán en sus vidas.
Creo que todos nos debemos un mea culpa, una vergüenza reparadora, una inhalación de aire puro.
Intentémoslo, ¿les parece?
Jorginho

4 comentarios:

Lore dijo...

me encantó el tema
concuerdo contigo totalmente
siento un poco inclinado
a echarnos la culpa
a las mujeres de todo, pero...
creo que vale... el sentido de lo que escribes... somos nosotras
las que formamos... y es cierto
muchas veces las tendencias machistas nacen de una madre dominante...
lindo tu blog... besos

YOR dijo...

Así decía un amigo mío: "¿Hijos de quién se creen que son esos hombre machistas?, Sus madres loa crían así..." pareciera como que la era del patriarcado va quedando caduca, pero todavía da pelea... demasiado metidos los roles enseñados desde la infancia sobre lo que un hombre o una mujer debe o no debe.. demasiada rigidez por miedo: A la criminalidad, los hijos no deseados, la homosexualidad, el libertinaje, la holgazanería, etc. Por miedo no se educa y la realidad entrega más gente falta de una buena crianza, centrada en la diferencia y el respeto. Por miedo.
Aún queda por aprender, me uno a tu cruzada!

Kafda dijo...

¡Hola Jorge! Qué bueno poder visitarte después de largo rato...
Sí, evidentemente que en cuanto a la evolución de género estamos atravesando un momento crítico. Y qué bueno. Terrible fuera que todavía estuviéramos callándonos en nombre del cancerígeno "qué dirán" o como dicen acá: "la moral cristiana y las buenas costumbres". O sea, cualquier cosa...
Yo soy la primera que sale a sustentar tu tesis, muy repandida por cierto, de que las más grandes machistas son las mujeres, y aunque comprendo bien la génesis de este paradigma, no lo justifico sobre todo entre las nuevas generaciones.

Pienso, pese a toda la angustia mundial existente entre hombres y mujeres, que nos dirigimos por buen camino, pero que todavía hay mucho, pero mucha trocha que cortar.

Está bueno este artículo. ¿No has pensado en publicarlo en algún medio local?

Un abrazo

Lili dijo...

Jorge tuve que leer algún post, no pude esperar. Con éste, me hiciste reflexionar. En general, nosotros los que estamos formados en el ambiente psicológico, sabemos que el machismo ha continuado existiendo a través de los años, alimentado por las mujeres. Ojalá eso vaya cambiando... Como mamá te puedo decir que me ha sido difícil comprender y aceptar al fin este cambio. Quizá en mucho detalles, yo también haya alimentado el machismo en mis hijos hombres, ya que, como buena argentina, me gusta atenderlos y mimarlos. Me doy cuenta que sus parejas no son así, ahora ambos tienen que compartir las tareas en todo sentido y me gusta, lo considero sano aunque en este momento, no es facil para los hombres, especialmente, para los que tienen más de 20 porque han sido educados por madres parecidas a mi :(. Tu sabes lo lentos que son los cambios de paradigmas y este en uno cultural que está en pañales desde mi punto de vista. Gracias por compartir tus reflexiones conmigo.