lunes, 10 de noviembre de 2008

"Viaje de una Larga Noche hacia el Mediodía" Capítulo III -


SEGUNDA PARTE

"A Kind of Magic"

A lguien no me escuchó, porque aún estamos en vuelo.
Pero bueno, de aquí a que lleguemos, todavía faltan diez horas.
Los aviones ya no tienen ni clase ni glamour, me coloco los auriculares, me estiro, y me resto a descansar.
No pasó nada, llegamos al Kennedy a las 06:00 am.
El remisse que contraté para salir del aeropuerto, no ha venido, así que tomo un Yellow Cab, y vamos al Apart-hotel.
Las 09:00 am, y el check-in es a las 03:00 pm; no nos queda otra que dejar el equipaje en la administración, y salir a caminar por la ciudad.
Es un Otoño extrañamente benigno en Manhattan.
Un sol huidizo e incipiente, nos hace guiños desde detrás de cada building que se interpone.
En este lugar del mundo, donde todo cambia vertiginosamente, la comida permanece detestable.
Me es imposible conseguir un par de tostadas, simple pan tostado, quiero tomar un té con tostadas!.
Entramos a una confitería, y le pregunto al mozo:
- "Hi, you speak spanish?"
- "No, Sir, d'you speak greek?".
- "Ok, well, let's speak in englesh".
Robert pide un café con bagels, y yo un té con tostadas....me traen french toasts, que son las archiconocidas torrejas.
No les puedo poner ni miel, ni jalea, ni sirope alguno, me rindo, me doy más insulina, y las como secas como están.
Al fin es la hora de ingresar al apartamento.
Apenas entramos, Robert observa todo, y desde el dormitorio exclama:
- "¡Jorge, mirá, parece que aquí nos conocen!".
Imponente, amplia y limpia, una cama de matrimonio nos da la bienvenida.
El apartamento, en el cuarto piso, es genial.
Totalmente equipado con heladera con freezer, microondas, cocina a gas, aire acondicionado , televisor a cable, dvd, teléfono, y conexión a internet.
El baño es amplio y cómodo, por supuesto, sin bidet .
Desde el living comedor, un sillón de tres cuerpos, el más confortable que yo haya conocido, me sonríe.
En la esquina de la 64w y el West End, hay un grocery, vamos a compr algo para cenar.
Robert opta por una Potato Salad con tanto ajo, que de haber víboras por aquí, seguro que no se nos acercará ninguna.
Yo elijo algo menos comprometido: brócolis con zanahorias, lechuga con pepino, y deliciosas turkey Burguers para los dos.
Enseguida entro en amigable charla con una de las dependientes, quién nos indica, entre sonrisas, preguntas de nuestro País, y promesas de volver a vernos, dónde está ubicada cada cosa.
Pena que pasado mañana nos vamos de aquí para el otro hotel.
Que en Manhattan pasan cosas mágicas, no es un secreto, y la mañana del sábado, me despierto con un ária de Mme.Butterfly; exactamente "Un bello día veremos un hilo de humo", primer ária del segundo acto de la obra.
En el sexto piso, una profesora de canto, Mezzo ya retirada, dicta Master clases a sus alumnos.
Es mágico.
Recordé mi primera noche en Salvador cuando, asomado a la ventana de mi habitación que daba sobre la bahía de Todos los Santos, con aquel cielo estrellado y mágico, desde un local enfrente del hotel, músicos amadores ejecutaban "Brasil", de Ary Barroso, con instrumentos de cuerdas.
¿La recuerdan?
Todo es Magia.
Como fue magia que, por el hecho de pasar por un sinfín de detectores de metales, antes de abordar los aviones, me quité, en Montevideo, la cadena que llevo al cuello, con la imagen de la Milagrosa.
La dejé caer dentro de mi portafolios, en el comparitimiento de las carpetas, el cual cierra con dos zips metálicos.
Al llegar al Kennedy, la Medalla se mostraba, ella sola, colgando fuera del attaché, con la cadena dentro del mismo.
Todos son mensajes. Hay que saber interpretarlos, aceptarlos como naturales, y terminar con la pose intelectualoide.
Lo digo yo, que no pertenezco a la Iglesia Católica, ni a ninguna otra.
Bueno, domingo y tenemos que mudarnos de Hotel, efectos colaterales del cambio de fechas.
Nos vamos a Central Park West, y la 106.
Otra vez esperar hasta las 03:pm, y recién son las 11:25 am.
Vamos a almorzar al Down Town, pero dónde está el subway?
Le pregunto a una Señora evidentemente asiática, y esta me toma de la mano, y entre sonrisas, comentarios de que conoce gente en Uruguay, nos acompaña hasta pocos metros antes de la entrada que buscábamos, e incluso nos dice qué tren tomar.
¡Divina!.
Por ninguna parte consigo alimentos sin sodio agregado.
Aquí preparan todo con sal, con poca sal, pero sal al fin, y yo, desde la ascitis, no sé por qué razón, y no se lo he preguntado al Dr.Mescia, no metabolizo el sodio, y acumulo líquido.
Me conformo con cruditées, fruta, y vamos a sentarnos al Union Square Park.
Por suerte Robert no tiene problemas para alimentarse.
En el Union, cercano a un lote de dormitorios de la Universidad, conocemos a Benji.
Veo un joven con una guitarra, y está tocando música brasilera.
Me acerco y le pregunto:
- "ôi!.O moço é brasileiro?".
Resulta ser norteamericano, estudiante de la Licenciatura en Musicología, Composición, y Dirección musical.
Ha vivido un tiempo en el Brasil, y de allí su admiración por la música y compositores de ese País.
Me propone cantar con él, y a mí que me cuesta tanto.....
Paseamos por las arenas de Itapoa, de la mano de Vinícius de Moraes, nos emocionamos con Samba em Prelúdio, etc.
Más tarde Robert interpreta una de sus propias canciones.
Las ardillas, el sol, la gente, la música y el canto, redondearon una tarde de gloria.
La habitación del Hotel, no tiene nada que ver con lo que yo reservé y pagué.
Mínima, sin heladera, ni siquiera una mesita y alguna silla; sin embargo el baño es muy bueno, aunque la falta de bidet es algo lamentable.
Descontado, a estas alturas, que la cama es de matrimonio.
Dos ventanas nos ofrecen una hermosa vista del Central Park.
Hoy, lunes, tengo la primera consulta con el Dr,StanleyChang.
Llegamos al Presbiterian, y buscamos a Christine.
Igual que al teléfono, Christine es afable, humana, solidaria, emocional, profesional, Amiga y Hermana.
Liquido las cuentas de los médicos y del hospital, y así conozco a la elegante Rosa B., de quien recibo las primeras expresiones de aliento, y a Gabriel.
Christine no se nos separa ni por un momento, atenta a todos los detalles, y solucionándolo todo.
Ya dentro del consultorio, el Dr.Donaldson, inglés o austríaco, no me supieron precisar, que al hablar tiene acento británico, uno de los "fellows" de Chang, me hace los exámenes de rutina, e incluso dibuja, a mano, el estado de mi retina.
Luego ingresa el Dr.Rodrigo Almeida, el oftalmólogo brasilero al cual ya mencioné, y con el que surgiría una importante cercanía.
Recibe el informe de Donaldson, y realiza otro examen.
Más tarde, hace su ingreso el Dr.Stanley Chang.
Es la autoridad máxima, el número 1 en el mundo, en las patologías oftalmológicas, especializado en Retinología, Profesor de profesores, dicta Seminarios, Conferencias, y Cursos, por todo el orbe.
Además, apoyado en su título de Ingeniero, investiga, crea, y desarrolla, todos los instrumentos y equipamientos que utiliza, y que luego veremos en las Clínicas oftalmológicas del mundo.
Saluda, recibe los informes, me examina, y da su diagnóstico.
Es desvastador.
Caso de gravedad extrema, muy difícil, pero, si lo decido, operará.
Se me nubla el entendimiento; lanzo una mirada de auxilio a Christine, y ella me traduce lo que me resisto a entender.
Me da una posibilidad del setenta y cinco por ciento, de salir con bien.
Mientras habla, y le presto atención, otro estado de mi conciencia me trae imágenes de toda mi vida, que pasan rápidas, y me muestran aquel niño, aquel adolescente, joven, adulto, y todo lo que en mi vida realicé y sentí.
Exactamente como pasó cuando, con mi tío Jorge, tuvimos aquel accidente en la Rambla de Montevideo, y a partir del cual, el encare de mi vida se modificó.
Se reserva la mañana del día 21, para la intervención.
Me sacan fotos de la retina, como ochenta mil, y salimos del Hospital.
- "¿Y ahora, qué querés hacer?,", pregunta Robert.
- "¡Vamos a recorrer la Ciudad!".
Caminamos por Broadway, y doblamos hacia Madison.
A lo lejos, el Chrisler Building me observa.
No puedo apartar los ojos de su torre.
Totalmente confiado en mi amigo, ni miro donde piso.
No puedo con la angustia, ni intento ni quiero poder.
Cuando me sofoca, la dejo explotar, como en el Hospital, como ahora mismo.
A mi lado, Robert camina en silencio, cuidando de donde ponga yo mis pies.
Intento ver las Gárgolas, que en realidad son águilas, y le pido a Robert, las mire para mí.
Siento que mi universo cae.
Estoy tan cansado.
Mentalmente agotado.
Sé que voy a salir, pero estoy tan cansado de reinventarme, de reciclarme, de pelear siempre contra toda adversidad, sin darme el mimo de flaquear.
No puedo flaquear.
Una vez un amigo, hablando de mis situación, que él conocía muy bien en todos sus aspectos, porque tenemos veinticinco años de amistad, me dijo:
- "¡Qué fuerte sos, Jorge!, en un caso como el tuyo, es cuando se comprende el suicidio".
No me pareció malo el comentario, lo entendí.
Pero en mí no tiene mayor espacio el tánatos.
No soy fuerte, ni valiente, soy absolutamente igual a ti, Lector, sólo que, tal vez, más inconciente.
En una de las esquinas de Times Square, un joven vestido solamente con calzoncillos, baila a pesar del frío.
Unos metros más allá, un afroamericano hace música electrónica, con un equipamiento como para un gran recital.
Más lejos, unos jóvenes estudiantes de Performing Arts, promocionan, entre divertidos y emocionados, la obra que están presentando Off Broadway.
Mis años de escenario se me tiran encima con todo su bagage de expresión, creatividad, luces, telón y aplausos.
Siento un amor desbordante por todos esos chicos y chicas, quisiera abarcarlos en un abrazo.
Y nuevamente me quiebro.
Pasado mañana, miércoles 15, me realizan los análisis pre operatorios.
Broadway, como un estrecho corredor, comienza a vestirse de luz.
Miles de colores y destellos, dibuja la perspectiva visual.
No tengo claro si es la despedida que la luz y los colores, que los amo tanto, me están brindando,
o, acaso, el anuncio de un camino todavía iluminado.
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Este no es un relato de viaje, aunque en algunos pasajes lo parezca.
Simplemente retrato lo que tiene que ver con lo vivido por mí, en el camino de solucionar ciertos tropezones en mi vida.
Intento llegar de esta manera, a aquellos que estén atravesando momentos parecidos, y sientan que están solos, y también, a muchísimos más que están bien, pero que tienen alguien cercano que sí lo está padeciendo, y no entienden el por qué de su comportamiento, o reacciones.
He recibido diferentes propuestas, sugerencias, ideas, para publicar estos escritos, como Libro impreso, como Libro en internet, o como artículos sueltos, en algún medio de Prensa.
Creo tener suficientes razones valederas, como para demorar esa decisión que de seguro encararé una vez retorne de mi próximo viaje a New York, en Febrero próximo.
Gracias.

Jorginho

Publicado el Miércoles 19.11.2008